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El camino de un ex drogadicto rumbo a su encuentro con Dios

IURD: El obispo Renato Maduro está vivo y aquel que
quiere permanecer vivo, guarde su fe.

Renato Maduro

¿Qué lleva a una persona a optar por el camino de las drogas? ¿Curiosidad, escape de la realidad, influencia de los amigos, problemas familiares o búsqueda de placer? Quien haya pensado en todos estos factores está en lo correcto, pero en el caso de Renato Maduro lo preponderante fue la curiosidad, que acabó dejando en su vida un vacío tan grande, al enviciarse, que solamente después de 12 años pudo reinsertarse en la sociedad, gracias a la fe que depositó en las palabras de Jesucristo. Hoy, pastor de la Iglesia Universal del Reino de Dios, Renato ayuda a liberar drogadictos, inadaptados y enfermos con las misma fe y la misma emoción que lo llevaron a la presencia de Dios.

Corría el año 1968, época de agitación política en Brasil y en el mundo, con manifestaciones antigubernamentales de movimientos estudiantiles y de confrontación social de los hippies, paz y amor en las drogas y en la música. La historia tal vez es semejante a otro centenar, en cualquier lugar: un chico de 13 años fuma su primer cigarrillo de marihuana. A partir de ese entonces, comienza en la vida de Renato de Abreu Maduro una escalada que va desde la marihuana hasta la cocaína, pasando por anfetaminas, alcohol, barbitúricos, somníferos, mescalina, hongos y LSD, que sólo terminó 12 años después. "el consumidor de marihuana comienza con un trago que pasa desapercibido entre sus compañeros. Después, él siente una necesidad mayor y de ahí no queda solamente en el consumo, sino

que hacía a su novio, Tânia comenzó a hablarle de Jesús y le propuso que fueran a ver a un pastor que expulsaba espíritus malignos en la iglesia de la Bendición, en Aboliçao. Tânia lo convenció, y Renato describe la experiencia en la iglesia: "El obispo Macedo dijo que mi problema era espiritual y que iba a hacer una oración. Me pidió que le diera la mano a Tânia y puso sus manos sobre nosotros. Recuerdo que fue una oración bien simple: '¡Señor Jesús, te pido que Tu poder envuelva a este joven y que el mal que estuviese en este cuerpo salga de ahí ahora!'. De repente, Tânia gritó y cayó al suelo.

Abrí los ojos y vi que manifestó en ella un espíritu que dio vuelta sus ojos, deformó sus dedos y retorció su cuerpo. Me asusté, pero pensé que era una escena montada. Cuando el pastor dijo que aquel espíritu estaba en mi cuerpo y vi a mi novia desfigurada, creí. Cuando expulsaron ese espíritu maligno de su cuerpo, sentí alivio inmediato en el mío. El pastor me preguntó si me sentía bien y me dijo que tenía que ir a la iglesia a participar de las reuniones de oración, para un proceso de liberación.

que ingresa totalmente en la marginalidad – desprecio por el trabajo – en el robo y el crimen para satisfacer su vicio. Su vida pasa a ser un infierno…", diría él en su libro- testimonio La Dosis Más Fuerte, editado por séptima vez en 1990. La curiosidad le salió cara a un niño dividido entres sus actividades de infancia en el suburbio de Vista Alegre, remontando barriletes, jugando a la pelota, andando en bicicleta; aquellas actividades relacionadas a la convivencia familiar, en la playa, en los paseos y clubes – Quitandinha,

Nevada, Praia Clube y Vasco da Gama – y la inclusión en grupos marginales de la región, que consumían droga. A pesar de los caminos y de las ganancias de una familia de clase media, los padres sólo supieron 4 años más tarde que su hijo consumía drogas y estaba acusado de tráfico por la policía. Una trayectoria en la marginalidad que trajo consecuencias amargas: pérdida de una juventud sana, lejanía de la convivencia familiar, la muerte de su madre y la separación de la familia, que llevaron a Renato cada vez más al fondo del abismo, con el consumo de drogas.

El camino de la salvación

El cambio rotundo en la vida de Renato se inició con un encuentro casual en la Librería Batista, en Madureira, donde fuera, acompañado por su padre, a comprar libros escolares. Allí conoció a Tânia, que lo acompañaría durante 5 años en los peores momentos, intentando librarlo de las drogas, y también en los mejores, tiempo después cuando le dio tres hijos, después de unirse

en matrimonio en lo que fue la primer ceremonia oficiada por la Iglesia Universal del Reino de Dios. Un día, drogado en exceso, Renato buscó la ayuda de la familia de Silvio, un ex adicto que se recuperó a través de la iglesia evangélica. Antes de asistirlo con comida y medicamentos, Silvio y su madre oraron en su favor. Enseguida buscaron internarlo en la Clínica Solar da Pedras, en Petrópolis. Durante las visitas

que hacía a su novio, Tânia comenzó a hablarle de Jesús y le propuso que fueran a ver a un pastor que expulsaba espíritus malignos en la iglesia de la Bendición, en Aboliçao. Tânia lo convenció, y Renato describe la experiencia en la iglesia: "El obispo Macedo dijo que mi problema era espiritual y que iba a hacer una oración. Me pidió que le diera la mano a Tânia y puso sus manos sobre nosotros. Recuerdo que fue una oración bien simple: '¡Señor Jesús, te pido que Tu poder envuelva a este joven y que el mal que estuviese en este cuerpo salga de ahí ahora!'.

De repente, Tânia gritó y cayó al suelo. Abrí los ojos y vi que manifestó en ella un espíritu que dio vuelta sus ojos, deformó sus dedos y retorció su cuerpo. Me asusté, pero pensé que era una escena montada. Cuando el pastor dijo que aquel espíritu estaba en mi cuerpo y vi a mi novia desfigurada, creí. Cuando expulsaron ese espíritu maligno de su cuerpo, sentí alivio inmediato en el mío. El pastor me preguntó si me sentía bien y me dijo que tenía que ir a la iglesia a participar de las reuniones de oración, para un proceso de liberación.

La vocación evangélica

La oración trajo tranquilidad de regreso a la vida de Renato, que al poco tiempo se reinsertó en la sociedad, estudiando y trabajando nuevamente.

En la iglesia, Renato quedó encantado con el lenguaje de los pastores al hablar de Jesús, y eso aceleró su conversión. "No quería salir más de la iglesia – dice él – dormía en el escritorio del pastor y me llamó para dar mi testimonio en el programa de Radio Metropolitana, donde descubrí mi vocación, porque no salía de mi corazón el deseo de hablar de Jesús. "Siempre con el apoyo del obispo Macedo, Renato recibió el bautismo con el Espíritu Santo y fue aprendiendo a difundir el Evangelio, atender a las personas y hacer oraciones por los necesitados. El siguiente paso fue concurrir al Instituto

Bíblico Pentecostal para tomar un curso de Teología, que duró sólo un año, pues él sintió que a la hora de atender a las personas no usaba ese léxico, sino otro, propio de un joven: "Contaba mi testimonio de ex adicto y fui sintiendo que tenía vocación para el apostolado, que era eso lo que quería en mi vida. Me convertí en evangelista de la iglesia: a partir de ahí, mi crecimiento fue rápido".

La misión pastoral en los Estados

Como lo dispuso el obispo Macedo, Renato se dirigió a Juiz de Fora (Minas Gerais) para abrir una iglesia, en un local bailable llamado Girafão, en el que todos los lunes y martes a la noche el evangelista Renato daba charlas sobre drogas, predicaba y hablaba acerca de Jesús.

En aquella ciudad, Renato pasó su luna de miel y fue consagrado pastor por el presbítero de la Iglesia. De Minas Gerais fue a Curitiba (Paraná), donde fundó un nuevo templo y recibió la dádiva de su primer hijo, Israel. "En Paraná me hice muy conocido, pues tenía un programa de radio de 7 a 8, iba a la Red Bandeirantes a participar de un programa en un auditorio, dando charlas, orando, y además tenía la iglesia.

"El pastor Renato cumplió un circuito por Brasil, fundando templos y consolidando la fe en la iglesia: Recife, Bahía, Ceará, São Paulo. Actualmente es el pastor regional de Río de Janeiro, responsable de 11 iglesias en la Zona Sur, y su trabajo comprende, además de las reuniones diarias y la ayuda al pueblo, la coordinación de las iglesias y la producción de un programa evangélico en Radio Copacabana, a las 18. El programa Buen Día Amigos será lanzado en breve en la Red Bandeirantes y Renato se prepara para un nuevo emprendimiento de la Iglesia Universal en televisión. Ante tantas actividades en la iglesia, él encuentra tiempo para dedicarse a la familia, entre paseos, playas, juegos con los niños. Sobre su esposa Tânia, Renato habla "de

una persona adorable, cariñosa, a quien extraño cuando no está cerca de mí. Continúa siento la muñeca que conocí un día en la Librería Batista". Cuando piensa en la educación de sus hijos, el papá Renato revela una preocupación que viene con la experiencia que tuvo como hijo: ser partícipe de sus vidas, ser su amigo, sin olvidarse de la orientación y la disciplina.

"Ellos (sus hijos) ven a su padre haciendo el bien, recuperando al adicto, pero también ven a aquel padre como un 'niño grande', que agarra la tabla y va a la playa con ellos, juega al fútbol, se pone las zapatillas y las bermudas. Todas esas prácticas, aliadas a la formación evangélica, no dejará que el vacío se apodere de sus vidas, como sucedió un día con él mismo", garantiza Renato.